No podía verme en los charcos. No podía verme en las ventanas. No podía verme en tus ojos.
No podía verme.
Pregunta clave, pregunta que me hago cada vez que abro los ojos, un día más.
¿Quién soy?
Pregunta sin una respuesta clara, como todo lo que parece incumbirme.
En realidad, no soy lo único borroso que hay en el mundo. La calle está borrosa. La gente está borrosa, al igual que sus pensamientos. Nada es nítido, somos una mezcla de ingredientes variopintos. Somos un todo.
Pero no lo asumimos. Yo al menos no. Por eso cuando camino solo entre la gente me siento perdido, absorbido. Dejo de saber quién soy. Incluso si no me controlo puedo perder de vista mis deseos, lo que quiera que me haya llevado allí. Todos corren, todos caminan, nadie se para. Cuando quieres darte cuenta tú también has caído en esa trampa.
La multitud se revuelve, convulsiona, se esparce por las calles como lo hace el agua, sólo que ésta es más uniforme, es consciente de que es un todo.
Y yo, y todos vosotros, os empeñais en buscar lo que os hace distintos, lo que os convierte en vosotros mismos. No sé si alguien lo habrá conseguido ya, no sé si alguien habrá sido capaz de despegarse del montón y avanzar, libre, sin normas ni prejuicios de ningún tipo. No sé si alguien habrá sido capaz de mirarse en un charco o en los ojos de una persona y decir "Sí, soy yo" Y el espejo no sirve. La apariencia no sirve. Sé como soy por fuera. Alto, castaño, ojos pensativos.
Pero, ¿Y por dentro? ¿Qué pasa con el interior?
No puedo ver mi interior. Está inquieto, está borroso. Siempre lo estará.
¿Por qué?
Porque ni yo ni nadie somos capaces de perseguir o definir algo que cambia y se transforma constantemente, igual que un pintor es incapaz de retratar a una persona que no para de moverse.
Eso es mi interior. Eso es tu interior. Un ente convulso, frágil y fuerte a la vez, incapaz de estarse quieto y preservarse de la misma manera para siempre.
Porque no somos inmortales. Nacemos, crecemos, maduramos, morimos.
Y nuestra mente, nuestros sentimientos, todo...También.
Alex
No somos siempre los mismos. Cambiamos. Nos transformamos constantemente. Pero siempre hay una base que nos gusta preservar, nuestra esencia, que nos define mínimamente, que es la que nos hace saber que somos.
ResponderEliminarY eso no cambia. Eso no se transforma. Simplemente, está.
Un placer pasarme por aquí!
Te leo!