Though I'm sorrounded by the crowd, I am a boy who walks alone...

16/11/11

Beso

Frío, que trepa desde la punta de mis dedos, bajando por mi cuerpo y golpeando mi espalda en un escalofrío.
El agua. El agua me rodeaba por todas partes, amiga, enemiga, hogar y castigo, todo a la vez.
Estaba helada. Sólo podía pensar en eso. Helada como la muerte.
Pero no dolía. No molestaba. Era... buena. Desaparecía. Me unía a ella con cada segundo que pasaba ahí abajo. Cerraba los ojos, sonreía débilmente. Mis piernas se movían al son de la corriente, dóciles, sin oponer resistencia.
No dolía. No dolía. No pensaba, no sentía.
Nunca me había sentido tan en paz.
Hasta el primer espasmo. Solté el poco aire que guardaba en los pulmones, movido por un mal presentimiento. Algo iba mal. Abrí los ojos con esfuerzo, y la vi conmigo.
Mel. Mel y su rostro moreno, sus curvas imposibles... Y sus ojos rojos.
Y entonces la oí. Oí su grito, aunque no supe si era real o no. No, no podía serlo. Arleia murió. Murió...
Un segundo espasmo me atravesó. Estaba empezando, lo sentía. Mel avanzó flotando hacia mí, completamente ajena a todo. Sonreía... Pero no era una sonrisa feliz, era...
Me dio la mano, y las imágenes me atravesaron.

"¡Alex! ¡No!"

Era ella, abrazándome con sus manos delicadas, gritando con aquella voz que sólo debía cantar y reír.

"¡Déjale! ¡No le toques, no!"

Me estaba ahogando. Lo sabía, aunque cada vez era menos consciente de ello, perdido como estaba en ese recuerdo. Seguía oyendo su voz llamándome. Seguía viéndola, con su pelo lila y sus ojos grises, llorando por mí, un desgraciado.
Me iba a estallar la cabeza.
La última vez que miré hacia la superficie la vi. Vi su reflejo. Por un segundo, por un solo segundo pensé "Está ahí. Está viva, me está esperando ahí arriba." Sabía que no era cierto, que no podía ser... Pero el reflejo estaba ahí, y su voz seguía gritando. ¿Y si... Y si era real?
Mel no me soltaba. El mareo era cada vez más fuerte. Tiré para soltarme, pero ella no me dejaba. No lo entendí. Tiré, tiré con todas mis fuerzas, desesperado. Sólo quería salir, sólo quería saber si ella... Si ella era...
Pero estaba atado. Lo había olvidado. Aquellas cuerdas... Estaban tan apretadas... Mis manos estaban casi azules, aunque aún podía patalear, aún podía subir...
Pero me hundía. Mel seguía tirando, seguía metiéndome eso en la cabeza, y era peor que el agua que me inundaba por dentro.
"Ha sido culpa tuya. Tú la mataste, tú la mataste" martilleaba en mi cabeza, letal, contundente, terrible. Hubiera gritado, pero no quedaba ni una gota de aire en mí.
No podía subir. No podía saberlo. ¿Estaba viva o era todo una alucinación? ¿Estaba llegando al Cielo?
Mis ojos se cerraban, aunque yo intentaba evitarlo. Ya no veía la luz de las farolas sobre el agua. Algo se movía, algo había caído al agua y venía directo hacia mí. Una chica...
Mi mente vagaba, lejos, cada vez más lejos. Ella apenas era una mancha negra que nadaba en mi busca.
Algo me sacudió. Abrí los ojos. Estaba allí. Ella, conmigo... Sus ojos me miraban aterrados, y sus labios se acercaban a los míos decididos. Nos rozamos, y el burbujeo del aire escapando de su boca me hizo sentir algo parecido al alivio, a un alivio que llevaba tiempo anhelando.
Ella me soltó de repente, pero yo ya no podía sentirlo. Vio que me hundía, pero no pudo ir en mi busca. Ya no. Estaba muy lejos, y yo me hundía, cada vez más, más lejos, más libre, más vivo y muerto a la vez...
...Hasta que un golpe seco en el pecho me hizo volver.
Abrí los ojos. Todo daba vueltas. El agua seguía cayendo, pero esta vez tenía más la apariencia de un centenar de agujas pinchándome la frente. Cerré los ojos un instante, disfrutando de la sencillez de aquel momento.
La lluvia me empapaba. Me levanté al poco rato. Las cuerdas no me ataban las muñecas, aunque seguían conservando esas marcas, ese recuerdo de mis esfuerzos por desatarme. Estaba otra vez allí, delante del puente de la salida del pueblo, contemplando la luna nublada. De pie, respirando. Pero algo había cambiado. De algún modo lo sabía. No era igual. Algo, algo dentro de había cambiado.
No supe qué hacer. No supe nada. Intenté recordar por qué estaba allí, pero todo estaba borroso. Las caras de la gente que conocía, sus nombres, sus voces. Incluso mi propio nombre permanecía oculto en algún lugar al que yo no conseguía llegar todavía.
No podía quedarme allí para siempre. Pese a estar calado no sentía frío, pero no podía seguir allí. Quería irme y olvidarlo todo por un momento. Despacio, como si lo hiciera por primera vez, empecé a caminar, vacilante, callado y con aquella lluvia torrencial colándose entre mi cuello y la camiseta.

Esos fueron mis primeros minutos... De mi no-vida.









Alex.

No hay comentarios:

Publicar un comentario